En el mercado estadounidense, el tres por ciento de los libros que se publican son traducciones. Este tres por ciento incluye libros de países con sólidas industrias editoriales y miles de títulos publicados cada año. Por tanto, los editores en lenguas menos habladas tienen ante sí el reto de hacerse visibles, por no hablar de que la venta de derechos es casi imposible. Hay muchos gobiernos que ofrecen subvenciones a la traducción para tratar de despertar el interés por su literatura pero ni eso es suficiente para que los editores en lengua inglesa hagan un esfuerzo y se arriesguen.
La autora de estas reflexiones es Elisabeth Watson, que en su blog Publishing Trends. News and opinion on the changing world of book Publishing [Noticias y opiniones sobre el cambiante mundo de la edición] analiza las dificultades de los editores mayormente de países con idiomas diferentes del inglés.
Watson señala que, sorprendentemente, una forma de llamar la atención en un mundo obnubilado por el eBook es, nada más y nada menos, “un libro real, impreso y encuadernado”. Se refiere a su experiencia en la última feria de Frankfurt, donde por ejemplo editores de Croacia o Eslovenia mostraban sus libros ya traducidos al inglés.

Subraya Watson que todos los editores con los que ha hablado, tanto nacionales como extranjeros, señalaron que hasta ahora la práctica habitual era entregar un capítulo de muestra traducido junto con una copia de libro en la edición original.
Lo cierto es que esos capítulos, ya sea en archivos en pdf o en fotocopias, se acumulan en las mesas de los editores sin leer. Algunos editores de las llamadas en inglés Lesser-Spoken-Language (LSL) [Lenguas menos habladas] desesperados por conseguir al menos una segunda mirada a sus propuestas editoriales están haciendo algo tan inusual como de baja tecnología. Esto es enviar a un editor internacional la clase de libro que quieren que se imagine produciendo. En lugar de capítulos sueltos, un puñado de editores de LSL ha realizado sus propias traducciones al inglés, de alta calidad, de los libros completos. Entonces fabrican una maqueta del libro con el diseño, la tipografía, la impresión y la encuadernación que tendría en su nueva edición inglesa.
Watson se refiere al impacto positivo que esta estrategia ha tenido en los editores en lengua inglesa que al parecer prefieren tener un libro en las manos que un archivo en pdf con la traducción completa.
El artículo íntegro de Elisabeth Wastson está disponible en este
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