Ante la proliferación de mundos virtuales destinados a los más pequeños como el Club Penguin, Moshi Monsters, Farmville o Nanoland, que recientemente lanzó Santillana, y la atracción que ejercen en el público infantil, editoriales especializadas han decidido tomar cartas en el asunto y participar activamente en la creación de estas comunidades online. Entre otras posibilidades, esas creaciones transmedia permiten dar a conocer una historia a través de diferentes canales de comunicación y fomentar el gusto por la lectura en los niños.
En esencia, lo que se pretende es dar vida a los libros favoritos de los niños, pero no se puede obviar el hecho de que también puedan suponer unos ingresos extra para los editores. Estos llegan a través de dos vías:
- La suscripción gratuita y la opción de pago para acceder a materiales exclusivos o a otros niveles de dificultad en un juego.
- Ventas –reales o virtuales– a través de sencillas rutas de comercio electrónico o mediante cupones que se pueden canjear por libros o entradas.
Los niños son una audiencia difícil. Son menos complacientes que los adultos cuando algo no atrapa su imaginación. Por eso Steve Richard, especialista en medios de comunicación social, en el artículo publicado en FutureBook "Online worlds: virtuous environments for publishers" [Mundos virtuales: espacios perfectos para los editores], ofrece una serie de pautas a seguir para crear este tipo de comunidades.

Según su punto de vista, es necesario centrarse en la historia, en la navegación por la página y en tener al público ocupado. Por supuesto que el diseño es importante, pero si no hay actividades interesantes, se pierde a la audiencia.
Entre las cosas más importantes que un editor tiene que tener en cuenta figuran:
- Hacer de este mundo virtual un espacio social. Ser el único niño en el patio de recreo puede ser aburrido.
- Los pequeños tienen que tener sus razones para querer volver, por lo que existirán distintos grados de dificultad o temáticas diferentes.
- Que prime la sencillez. Si una página es muy complicada, este tipo de usuarios pierde su interés. Hay que mantenerse en la delgada línea que separa lo interesante y lo sencillo.
- Cuando los niños hagan algo bien, se merecen una recompensa: tener acceso a otros niveles, vales por artículos virtuales, o cupones que pueden canjear en el mundo real.
- Es necesario tener un control sobre el contenido. Es imprescindible garantizar la seguridad de estos usuarios.
- Los pequeños necesitan ayuda para moverse por la página, bien mediante señales o con un host dentro de la comunidad.
- Los padres son imprescindibles, ya que son ellos los que hacen la suscripción y compran los productos que salen al mercado. Por tanto, el contenido debe ser informativo a la par que divertido.
- Es recomendable una buena promoción. Se puede empezar por canales ya existente como Facebook o la misma página web, pero una buena campaña publicitaria y promociones en los puntos de venta también son muy útiles.
Steve Richard concluye abogando por estos espacios como un medio para promover ciertos libros ya que, a su entender, los entornos virtuales no sentencian el fin de la lectura sino todo lo contario. Sostiene que además pueden despertar el interés de los usuarios por otros personajes e historias. En su opinión, igual que un niño desea ver la adaptación cinematográfica de su libro favorito, también buscará el entorno virtual que dé vida a ese libro.