Estrategias de marketing como el Black Friday o el Cyber Monday, que se han llevado a cabo recientemente en los Estados Unidos para impulsar el comercio electrónico, han obtenido resultados bien distintos en el gremio de los libreros. Así como las librerías pequeñas que ocuparon el vacío que dejó la cadena de librerías
Borders manifiestan su satisfacción por el aumento de sus ventas durante los períodos vacacionales, otros establecimientos tradicionales no sólo no han mantenido sus ventas, sino que las han visto descender.
Estos son algunos de los datos que ha recogido Publishers Weekly en su artículo “Black Friday Weekend Proves a Dickensian Star to Holidays” [El fin de semana del Black Friday muestra un inicio dickensiano de las vacaciones].

Las campañas que han empleado estas librerías, las denominadas de ladrillo y cemento, han sido de lo más variopintas: algunas regalaron un libro de segunda mano a todas aquellas personas que llevasen alguna prenda de cuadros y otras, que ha sido lo más habitual, ofrecieron descuentos. Aún así, en la mayoría de los casos esto sólo ha supuesto vender un poco más en particular a turistas o personas que se trasladaban para celebrar el día de Acción de Gracias en familia.
Lo destacable en todo este baile de cifras y campañas promocionales es la aparente paradoja que presenta el caso de aquellas librerías que tras la caída de los grandes grupos están ampliando sus negocios y abriendo pequeños establecimientos, ante el aumento tan significativo que han experimentado sus ventas. El incremento del negocio se concentra en particular en períodos vacacionales como el pasado verano o el fin de semana de Acción de Gracias. Ahora las expectativas se centran en la inminente llegada de las Navidades.