David Leigh, editor del periódico The Guardian, ha afirmado que los periódicos deberían estar financiados por un impuesto que se aplicaría a los proveedores de servicios a internet (ISPs) alegando que el periodismo público necesita este apoyo. Personas relacionadas con el sector creen viable esta propuesta, mientras que otros, entre ellos el periodista Mathew Ingram, no la apoyan al considerarla poco inteligente y en absoluto innovadora.
La propuesta, según Leigh, consistiría en aplicar un impuesto de no más de 1,5 euros al mes a los proveedores de banda ancha y su recaudación se distribuiría a los proveedores de noticias en proporción al número total de sus lectores en línea. Este impuesto, continúa Leigh, lo podría recoger una agencia independiente. “Esto –opina– podría resolver los problemas financieros de los periódicos de calidad, los cuales ven cómo sus lectores no es que estén desapareciendo, sino que simplemente están migrando a su lectura en línea”.
En su opinión, la idea de una financiación estatal para las organizaciones de noticias no es tan descabellada. Existen, apunta Leight, varios ejemplos en los que se mantiene una financiación del periodismo público, como por ejemplo en los países nórdicos, donde los periódicos se han subvencionado durante años.

Por su parte, en el artículo que Mathew Ingram ha publicado en GigaOm, este periodista dice que la misma idea que se apunta se barajó como una forma de salvar a la industria musical y afortunadamente nunca se llegó a realizar. A su entender, esta idea ha surgido a raíz de las pérdidas que están sufriendo las agencias de publicidad en periódicos impresos, que en algunos casos, como en los Estados Unidos, está llevando a la supresión de muchos diarios en su versión impresa.
Editores como Leigh, explica Ingram, están preocupados por la disminución que está sufriendo la industria y añaden que el periodismo cuenta con un propósito público fundamental y por tanto no puede dejarse a los caprichos del mercado. Pero periodistas como Allan Doland creen que este plan de imponer un impuesto apoya un modelo de negocio que ya está roto, por lo que está convencido de que los usuarios de internet no estarán en absoluto conformes.
Uno de los mayores defectos de esta idea es, como explica Charlie Beckett en un artículo publicado en el LSE (London School of Economics and Political Science), que se basa en un principio según el cual el periodismo es sinónimo de periódicos, algo que, al igual que opinia Mathew Ingram, no se ajusta a la realidad. Este planteamiento, continúa el artículo de GigaOm, dejaría fuera a todo un grupo de proveedores alternativos, entidades no lucrativas y nuevas empresas, las cuales están tratando de reinventar el periodismo en la era digital. “Quienes –en opinión de Ingram– son sin duda más dignos de conseguir esta financiación que los grandes periódicos”.
La aplicación de este tipo de impuestos haría más bien poco por auxiliar el periodismo en interés público, afirma Ingram en su artículo. Es más, cree que esta idea estaría subsidiando un modelo de negocio en declive que se sigue basando en un medio “moribundo”, como es la versión impresa. La industria necesita ser más creativa y buscar ideas y soluciones a sus problemas, pero no en función de un plan de rescate masivo financiado con fondos públicos.
Se ha criticado a muchos periódicos estadounidenses que han cerrado su versión impresa por no haber negociado correctamente su transición del papel a lo digital. Pero como afirma Ingram, por lo menos están trabajando para tratar de encontrar un modelo nuevo sin pedir al gobierno que subvencione uno que ya existe. El periodista cree que mejorar y salvar el periodismo buscando soluciones innovadoras para hacerlo es una idea encomiable. Pero gravar a los usuarios de internet para apuntalar un sector que en gran parte se basa en la impresión, no es ni por asomo la misma cosa.