Una carta abierta de la presidenta de la American Library Association (ALA), Maureen Sullivan, sobre la negativa de las editoriales Simon & Schuster, Macmillan y Penguin de poner a disposición de las bibliotecas sus libros electrónicos, ha obtenido una rápida respuesta por parte de los editores, los cuales aseguran que no se cierran al diálogo y apuestan por encontrar una pronta solución al problema. Sue Polanka, en su blog No Shelf Required y Matt Enis en The Digital Shift recogen la comunicación epistolar mantenida entre ambas asociaciones.
Maureen Sullivan, en la carta abierta que recoge Sue Polanka, critica el hecho de que estas tres editoriales nieguen el acceso a sus libros electrónicos a las más de cien mil bibliotecas de los Estados Unidos y a sus correspondientes millones de usuarios que utilizan las bibliotecas públicas.
Esto supone, explica Sullivan, que la mayoría de los bestsellers que aparecen en las listas de periódicos como The New York Times o las novelas de ficción que atrapan a los adolescentes estadounidenses, no estén disponibles en las bibliotecas públicas.
Muchos otros editores han visto en los libros electrónicos una oportunidad de crear nuevas ventas y de llegar a más lectores gracias a las bibliotecas públicas, afirma Sullivan. Es más, remarca esta profesional de las bibliotecas, existe la opción de que los usuarios puedan comprar el libro que quieran leer a través de las bibliotecas, en caso de que no estén dispuestos a esperar. Es lo que la presidenta de la ALA define como un “una relación en la que ganan todos”.

Entre muchas de las virtudes que definen a las bibliotecas, Sullivan destaca en su carta abierta los siguientes aspectos:
- Las bibliotecas apoyan a la industria editorial, apuestan por la alfabetización y tratan de contagiar el amor a la lectura y el aprendizaje.
- El préstamo bibliotecario anima a los usuarios a leer nuevos autores, temas y géneros y esta experimentación estimula el mercado de los libros.
- Las bibliotecas públicas dan acceso a materiales de estudio a millones de usuarios que quieren leer y aprender pero no pueden comprar los libros que necesitan.
- Las bibliotecas están especialmente comprometidas con esos grupos vulnerables de la comunidad los que, gracias a ellas, pueden acceder a los libros y a los contenidos electrónicos.
Se han realizado muchos encuentros y reuniones con estos editores, explica Maureen Sullivan, pero de ellos no se puede sacar nada en claro, hasta que no se pase a la acción. “Simon & Schuster debe vender a las bibliotecas. Macmillan debe implementar su modelo piloto. Penguin debe acelerar y llevar sus prototipos a otras bibliotecas y no quedarse con dos bibliotecas urbanas de Nueva York” -sostiene Sullivan.
Sullivan cree que los bibliotecarios no pueden quedarse quietos y no hacer nada mientras algunos editores se proponen agrandar la brecha digital o no permiten el acceso al registro histórico cultural. Es preciso, continúa, que se produzca un cambio significativo y se generen soluciones creativas que sirvan a las bibliotecas y a los lectores que esperan contar con el derecho legítimo de acceder a un libro electrónico de la misma manera que accedían a los impresos.
La respuesta no se ha hecho esperar y la Association of American Publishers (APP) ha emitido un comunicado que Matt Enis recoge en un artículo en The Digiral Shift.
En dicho mensaje la Asociación de editores asegura que ellos apoyan el préstamo electrónico, pero existe una laguna en ciertos conceptos tecnológicos, operativos y financieros que se tiene que solucionar para que ese servicio entre en funcionamiento. Tanto los editores como las bibliotecas locales han mantenido siempre una alianza en pos de aumentar la alfabetización y fomentar el amor a la lectura, afirma la APP. Es más, los miembros de esta asociación han dotado a las bibliotecas de innumerables recursos gratuitos, programas y servicios, con el propósito de servir de ayuda a los usuarios, informar a los bibliotecarios y mantener la vitalidad de sus instituciones.
Cada editorial, aseguran los editores, está luchando de forma individual para servir mejor los intereses de sus autores y lectores y proteger los derechos digitales de la propiedad intelectual y de esta manera crear un nuevo modelo de negocio que sea justo para todos los implicados.
La APP afirma que siempre ha tratado de avanzar en el diálogo sobre el préstamo electrónico entre bibliotecas y editores y con esa idea alberga el deseo de organizar un encuentro en el que se esté presente la directora de la ALA y así poner a su disposición una plataforma en la que dirigirse a los cien miembros que conforman esta comunidad de editores.