Los editores norteamericanos se preparan para la batalla por los derechos en 2013

A partir de enero de 2013 en EE.UU. entrará en vigor una ley de derechos de autor según la cual los autores podrán romper sus contratos si ya han transcurrido treinta y cinco años. La industria editorial se enfrenta a perder de sus listas importantes nombres, en caso de que los escritores comiencen a hacer uso de esta ley y reclamen obras que cedieron hace años a las editoriales.

Jeff John Roberts resume de forma sencilla en un artículo publicado en PaidContent, cómo funciona esta ley y por qué ve más que probable que se vayan a dar más casos de negociación que de litigio.

La ley en cuestión está recogida en la Sección 203 de la Ley de Derechos de Autor de 1978 que permite a los escritores dar por terminado cualquier contrato transcurridos treinta y cinco años. Los derechos de rescisión de contrato no son algo nuevo, explica este periodista, la diferencia es que los casos que se han dado hasta la fecha se basaban en una ley anterior que a menudo requería a un autor ejercer los derechos de renovación que, en muchos casos, éste ya había cedido.

Explica Roberts que la nueva ley no tiene esas fisuras, lo que implica que lo que antes había sido un mero goteo de casos por los derechos de autor, se convierta en avalancha, ya que los contratos de los libros publicados después de 1978 pasan a estar en condiciones de rescisión.

Esta ley también supone una amenaza para esos títulos que conforman las listas de éxitos de las editoriales y que son una gran fuente de ingresos para muchos editores. Una amenaza que se amplifica, asegura este periodista, con las opciones de distribución digital que nunca se contemplaron cuando se aprobó la ley.

Las reglas de recuperación de estos derechos de autor son muy complicadas, asegura Roberts. Por ejemplo, los escritores cuentan con un marco de acción de cinco años para ejercer este derecho, pero deben avisar con dos años de antelación como mínimo o diez años como máximo.

No está muy claro cómo funcionan estas normas, es más, se ha contactado con agentes literarios a este respecto y bien no se daban cuenta de cómo funcionaba el “asunto” o no sabían de su existencia, concluye el analista.

Lloyd Jassin, abogado especialista en derechos de autor, comenta que es posible que algunos editores intenten sacar un as de la manga al aludir a las corporaciones personales de las que hacen uso autores importantes para conceder licencias por sus obras. Estas corporaciones implican que el autor puede quedar excluido desde el momento en el que se le considera un empleado de la sociedad y no un autor.

Por ahora, concluye Jeff John Roberts, es demasiado pronto para decir si las nuevas normas despojarán a los catálogos de las grandes obras de forma drástica. Por el momento una búsqueda rápida en el registro de los derechos de autor sugiere que los avisos de rescisión todavía no han llegado en avalancha. Esto puede significar, determina el periodista, o que los autores todavía no son conscientes, o que ya se están haciendo ciertas negociaciones pero “entre bastidores”.
 


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