Hazlo tú mismo: un movimiento que puede revolucionar las aulas

El movimiento DIY, o hazlo tú mismo, fomenta la colaboración, la invención y la participación con el único objetivo de crear cosas nuevas. Esta filosofía está haciéndose un hueco no sólo en el ámbito empresarial, sino también en el educativo. Un artículo de Hiten Samtani, publicado en The Digital Shift, presenta algunas experiencias realizadas en distintos colegios de los Estados Unidos que apuestan por esta iniciativa.

El gobierno de los EE.UU. presta una especial atención a este movimiento y está muy conectado con la campaña educativa Educate to Innovate que quiere mejorar el rendimiento educativo en áreas como la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas.

De la misma manera que evoluciona esta propuesta también lo hace la necesidad de crear un espacio público de intercambio en el que sus participantes compartan conocimientos y recursos y colaboren en proyectos en común. Cory Doctorow, escritor de ciencia ficción, coeditor del blog Boing Boing y uno de los líderes y defensores de este movimiento, ve a los bibliotecarios y a las personas que participan en iniciativas de este tipo como aliados naturales y concibe la biblioteca como un lugar adecuado para organizar un espacio de creación.

Otro programa que se suma con nombre propio a la defensa de esta filosofía dentro de la educación es Maker Education, cuya intención es hacer de los jóvenes unos auténticos “manitas”. Uno de sus enfoques clave es integrar estos “espacios de creación” en los programas educativos de todo el país.

Parker Thomas, director de las iniciativas educativas de Maker Media, se encargó de coordinar esfuerzos entre más de quince colegios privados y públicos de la Bahía de San Francisco. Para lanzar los programas en algunos de estos colegios se necesitó una buena dosis de imaginación y perseverancia, comenta Samtani en su artículo, pero la reacción de los estudiantes fue muy satisfactoria. Es más, añade Thomas, el nivel de artesanía e iniciativas personales que se han visto en estos colegios no han tenido límite.

En uno de estos colegios tres estudiantes de dieciocho años quisieron construir un coche eléctrico. En una biblioteca escolar del estado de Maryland, su bibliotecaria, Gwyneth Jones se lanzó a crear vídeos y cortos de animación con los estudiantes con programas como GoAnimate y Comic Life para que hicieran sus propias novelas gráficas y más adelante ponerlas bajo licencia Creative Commos e incluso llegaran a venderlas. Este tipo de actividades, comenta la bibliotecaria, ayudan a reducir la brecha digital y a ampliar la idea que tienen los niños de lo que es un producto.

Susan Hildreth, directora del Institute of Museum and Library Services, comenta en este artículo como el énfasis de este instituto está en apoyar a las bibliotecas para que puedan ayudar a los estudiantes a alcanzar lo que se ha dado en denominar las capacidades del siglo XXI como son la creatividad, la colaboración, el análisis y el aprendizaje de cómo analizar y organizar la información. Un espacio para la creación, continúa, sirve de caldo de cultivo para conseguir estas habilidades, un lugar en el que todos aquellos jóvenes con un mínimo de curiosidad pueden reunirse para absorber los nuevos paradigmas del aprendizaje. El cambio de materiales de analógicos a digitales en las bibliotecas hace posible que se libere más espacio físico el cual se podría reconfigurar para convertirse en uno de estos espacios para la creación.


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