Un estudio analiza la eficacia del copyright frente al dominio público

¿Es el copyright una forma efectiva para hacer que las obras sigan estando disponibles o todo lo contrario? Esto es lo que se pregunta Chris Meadows en un artículo publicado en TeleRead. Para dar respuesta a esta cuestión, el periodista ha tomado como modelo un estudio realizado por Paul J. Heald en el que demuestra como este modelo no parece tener mucho sentido en la nueva era digital.

Para realizar su investigación, Paul J. Herald tomó de forma aleatoria el ISBN de siete mil libros disponibles en Amazon y los ordenó por fecha de publicación. Más adelante comprobó la cantidad de libros que estaban disponibles según la década y así determinar si había más de domino público que de los que seguían sujetos al copyright.

Lo primero que comprobó, explica Meadows, es que la mayor parte de los títulos de dominio público eran anteriores a 1923. Se trata de un resultado que en opinión del periodista no sorprende a los defensores de esa modalidad. Parece lógico, continúa, que los editores no encuentren ningún incentivo en mantener las obras en formato impreso o molestarse en escanearlas y digitalizarlas, si no se venden.

Cuando una obra está libre de los derechos de autor, cualquiera puede escanearla y subirla a la red ya sea para que esté disponible de forma gratuita o para venderla. Ahora bien, cuando no es así, hay que plantearse si verdaderamente merece la pena el tiempo y las molestias que hay que invertir para conseguir que el propietario de los derechos permita vender el libro.

Herald realizó una comparativa en su estudio con las canciones de dominio público que aparecen en las películas y monitorizó obras con derechos de autor que se encuentran en Youtube. Al final le pareció muy interesante el seguir un modelo parecido con obras literarias. Es decir, explica, un pirata podría subir los textos escaneados de ciertas obras. Tras ver el resultado un editor o incluso el mismo autor podrían considerar que se ha hecho un buen trabajo, permitir su venta y conseguir dinero a cambio. A la persona que ha realizado el trabajo digital se le daría un porcentaje siguiendo un modelo de agencia, y el editor o autor se quedaría con el resto de los beneficios.

No hay que confundirse, sostiene Meadows, estos estudios vienen a demostrar que no existe una razón que justifique que los editores quieran mantener los derechos de autor por causas nobles. Solo les preocupa, añade, mantener estos libros durante el mayor tiempo que les sea posible, por el mero hecho de tenerlos. No se sabe en que momento una obra se va a vender como churros, explica, por lo que lo mejor es seguir manteniendo el control.

Quizá esta ley de los derechos de autor, concluye el periodista, no ha cambiado después de tantos años porque nadie se ha molestado en intentar hacerlo, pero con estudios como el de Herald, parece claro que se pierde algo valioso cuando se permite a los editores que escriban leyes de copyright que afectan a todos.
 


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