Un juez norteamericano rechaza el acuerdo de Google para digitalizar libros

El juez federal de Nueva York, Denny Chin, ha rechazado el acuerdo de Google con editores y autores norteamericanos -conocido como Amended Settle Agreement (ASA)- para digitalizar sus obras y crear la mayor biblioteca virtual del mundo cuando ya contaba con doce millones de libros escaneados. Chin ha tomado esa decisión, que frena el acuerdo alcanzado en 2008 por Google con la Asociación de Editores Americanos y el Sindicato de Autores, por entender que "no es justo, ni adecuado ni razonable" puesto que, además, la empresa digital podría explotar comercialmente los derechos de obras completas sin consentimiento previo y con una ventaja excesiva sobre otros potenciales competidores.

El juez federal de Nueva York, Denny Chin, ha rechazado el acuerdo de Google con editores y autores norteamericanos -conocido como Amended Settle Agreement (ASA)- para digitalizar sus obras y crear la mayor biblioteca virtual del mundo cuando ya contaba con doce millones de libros escaneados.

Chin ha tomado esa decisión, que frena el acuerdo alcanzado en 2008 por Google con la Asociación de Editores Americanos y el Sindicato de Autores, por entender que "no es justo, ni adecuado ni razonable" puesto que, además, la empresa digital podría explotar comercialmente los derechos de obras completas sin consentimiento previo y con una ventaja excesiva sobre otros potenciales competidores.

El proyecto Google Books preveía destinar 125 millones de dólares para pagar a los autores que se consideraran damnificados por no haber sido consultados antes de que sus libros fueran escaneados y también para encontrar a los autores de libros con derechos vigentes aún cuando estuvieran descatalogados y que fueron incorporados a la biblioteca virtual de Google. A cambio de esos derechos digitales el buscador podría ofrecerlas como libros electrónicos o audiolibros y autores y editores serían retribuidos con el 63 por ciento de los beneficios.
 
En opinión del juez, dar vía libre a ese acuerdo económico sería como "premiar" a Google para copiar sin permiso masivamente obras protegidas y también insiste en que "el problema de los libros huérfanos es mundial". 
 
LecturaLab se ocupó de este asunto en un artículo publicado bajo el título "Lo que pasa con Google Books según Google Books" en el que se detallan los términos del acuerdo así como su repercusión en el sector editorial.
 
El juez, en su decisión de cuarenta y ocho páginas, opina que "mientras la digitalización de libros y la creación de una librería digital universal beneficiaría a muchos, el acuerdo simplemente supondría ir demasiado lejos. Permitiría implementar un acuerdo empresarial de cara al futuro que garantizaría a Google una ventaja significativa sobre sus competidores". 
 
El acuerdo inicial daría a Google el derecho a reproducir extractos de obras descatalogadas incluso aunque no sean de dominio público o aunque sus autores no lo hayan autorizado previamente.
 
En ese sentido, las reacciones no se hicieron esperar y en su momento tanto Microsoft, Yahoo o Amazon y varios gobiernos europeos pidieron a la justicia estadounidense que rechazara la posibilidad de que se explotaran comercialmente libros descatalogados. El gobierno alemán presentó una demanda armada con un gran volumen de argumentos jurídicos en ese sentido.
 
Ahora el juez Chin sostiene que establecer un mecanismo que permita esa comercialización es una cuestión que pertenece más al Congreso que a su Tribunal.
 
El acuerdo queda paralizado pero podría enmendarse para superar las objeciones judiciales. El propio juez ha aconsejado a las partes hacerlo.  Por ejemplo, en lugar de que se retiren del ASA los escritores disconformes con lo que les ofrece Google, el juez sugiere que se permita a otros autores incoporarse al acuerdo y beneficiarse económicamente del trato. El ASA preveía que los autores recibieran compensación si alguien realiza una búsqueda y lee una parte del libro.
 
Una representante de Google señaló que la empresa se sentía decepcionada porque el acuerdo ahora anulado facilitaría el acceso a millones de libros que actualmente son muy difíciles de encontrar en Estados Unidos. 
 
Una lectura del prolijo auto judicial (más de cincuenta páginas) lleva a conclusiones llamativas:
  1. El auto da por buenas las notificaciones que Google ha remitido a 1,26 millones de titulares de derechos de autor y edición en todo el mundo.
  2. Se señala también que con este acuerdo Google puede obtener de facto un monopolio sobre las “obras huérfanas” (aquellas cuyo titular es desconocido y difícil de localizar), dado el control que la empresa tiene de los sistemas de búsqueda.
  3. Cabe entender que se remite la cuestión de los demandantes internacionales a un tratamiento en el orden legislativo, si bien la argumentación peca de confusa en este punto.
  4. En uno de los pasajes de su texto, el juez Chin declara que el caso que se enjuicia se refiere a la infracción de los derechos de propiedad intelectual derivados del escaneo, la indexación y el programa de búsqueda, y no se trata de una demanda sobre una oferta de libros “a texto completo” en línea. De este modo invalida una de las estrategias de las partes pero realiza un razonamiento que es de los más relevantes de su decisión: Google no escanea libros para poder venderlos y por tanto la cuestión que se dirime no es que se haya vulnerado el copyright por la copia y venta de libros completos. Sin embargo, el acuerdo impugnado “podría garantizar a Google el derecho a vender el acceso completo a libros con derechos de autor que de otra forma no hubiera tenido derecho a explotar”. Esto quiere decir que la decisión judicial se basa en una mirada hacia el futuro y no se fundamenta en conductas pasadas y pretende impedir que el acuerdo sirva de base para una futura venta de los libros
 
 
 
 
 

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