
El científico Stephen Spencer, uno de los expertos en optimización de motores de búsqueda (SEO) más prestigiosos de los EE.UU., cree que en el futuro “hablaremos a nuestros ordenadores en lugar de teclear” cuando queramos encontrar algo en internet. Spencer está seguro de que si uno pudiera hacerle preguntas y mantener una conversación con su ordenador sería más eficaz la búsqueda de la información y el aprendizaje.
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En una entrevista realizada por Jenn Webb, una “nerd” del libro y de todo lo que se publica y que se declara todavía excluida de los ereaders, Spencer opina sobre cómo influirá la próxima generación de avances tecnológicos en la búsqueda de información y en la informática.
Stephen Spencer, coautor de The Art of SEO, uno de los libros sobre Search Engine Optimization (SEO) que fue más valorado por los lectores, afirma que está cada vez está más convencido de que habrá “inteligencia autónoma” (IA) en lugar de “inteligencia artificial” porque la inteligencia no seguirá siendo artificial. “Será sólo otra forma de vida”. “Usted –sentencia– no será capaz de encontrar la diferencia entre la inteligencia autónoma y un ser humano".
De esta manera –asegura Spencer– la inteligencia autónoma transformará la manera en la que los algoritmos determinan lo que se considera relevante e importante. El científico dice que ahora un ser humano puede echar un vistazo a una página web y decir: "Esto en realidad no parece un contenido de calidad” porque advierte que hay cosas que no son correctas. Sin embargo, en el futuro –aventura–, una IA será capaz de hacer ese tipo de determinaciones con mayor grado de sofisticación que un ser humano. Afirma que cuando esto suceda, "será un hecho transformador".
Por otra parte, Spencer piensa que el advenimiento de la interfaz lingüística de usuario (LUI) será tan transformadora para la humanidad como la interfaz gráfica de usuario (GUI). "¿Recuerda cuando escribíamos los comandos en MS-DOS? –le pregunta a Jenn Webb–. "Eso fue horrible" –dice–. "¿Pensaremos lo mismo sobre la escritura en nuestros ordenadores en –quién sabe– cinco años?” –concluye Spencer.