
Si fuera posible responder a esta pregunta científicamente, autores y editores tendrían la vida resuelta. Y casi todo el mundo. Pero lo que subyace en ella es la preocupación de las bibliotecas públicas por encontrar la estrategia adecuada respecto de la controversia por las licencias de préstamo de eBooks planteada por HarperCollins. Cabe recordar que HarperCollins, una de las seis grandes casas editoriales norteamericanas, ha decidido que tras veintiséis préstamos, las bibliotecas públicas tendrán que volver a comprar la licencia para mantener el libro electrónico en su colección circulante.
Eric Hellman, físico e ingeniero que mantiene el activo blog "Go to Hellman" sobre todo lo relacionado con la tecnología aplicada al mundo del libro, en una serie de artículos no faltos de humor, reconoce que al principio la estrategia de HarperCollins lo desconcertó, pues pensó que sería una forma de compensar con ingresos adicionales el descenso de las ventas de libros con disponibilidad limitada.

Supuso que las bibliotecas necesitarían averiguar cómo podría afectarles la nueva política editorial, por lo que comenzó a indagar en las estadísticas de circulación de los libros. En ese sentido dedujo que en las bibliotecas también se cumple el “principio de Pareto” por el cual el ochenta por ciento de los préstamos se concentra en el veinte por ciento de la colección, una consecuencia de la ley imperativa de la distribución. En su búsqueda se topó con el enorme archivo de la biblioteca de la Universidad de Huddersfield, Inglaterra, que contiene datos de circulación y recomendaciones extraídas del estudio de casi tres millones de transacciones a lo largo de más de trece años.
Llegado a este punto Hellman, en la última entrada de su blog, pide ayuda –humorísticamente– para estudiar las "leyes que rigen el uso de un libro". Como físico, en quince años de investigación de las propiedades de los semiconductores y superconductores, jura que jamás trabajó con semejante buen comportamiento de las mediciones. Y eso, afirma, que en tanto científico está entrenado para creer que cuando una medición obedece a una relación matemática, entonces debe haber una razón para ello, dado que la Física trata de describir las leyes que gobiernan la Naturaleza mediante expresiones matemáticas.
Sin embargo, Hellman aún no está en condiciones de afirmar por qué la circulación de un libro puede obedecer a una ley imperativa que un físico podría llamar “fenomenológica” –dice– porque sin comprender cómo se origina en la biblioteca de la Universidad de Huddersfield, no podría decir se debería aplicarse a otras bibliotecas.
De modo que a la pregunta "qué hace que la gente compre un libro o lo pida en préstamo en la biblioteca", Hellman hace chanzas imaginando las respuestas posibles de lectores, editores, libreros y los propios autores. Uno podría pensar que es porque la gente quiere saber. Los editores y libreros dirán que ciertos libros se leen porque son buenos. ¿Pero hay alguna evidencia de que la calidad de un libro tenga algo que ver con su venta o su circulación? –pregunta Hellman– e ilustra el asunto diciendo que cualquier autor diría que su libro, que nadie ha comprado o leído, es maravilloso. De modo que, a su juicio, seguramente hay factores más importantes que esos.
Sostiene que su observación de la ley imperativa tiene poco que ver con la distribución o la calidad del libro y mucho más con la forma en que la gente se pasa los datos, el boca-oído y el contacto. Hellman cree que la gente elige libros basándose mayormente en lo que otros han leído. En ese sentido asegura que una mejor comprensión de cómo circulan los libros en las bibliotecas, una ciencia aplicada al uso del libro, podría ayudar a bibliotecas y editores a formular modelos que tuvieran sentido para todos aquellos que se benefician con la lectura de libros.