
El iPad y los niños: usos y necesidades en el eje de la polémica
La aparición del iPad ha abierto la inevitable polémica entre los incondicionales del aparato y los que, sin despreciarlo, advierten de los riesgos de utilizarlo sin el adecuado criterio. Muchas son las opiniones encontradas que surgen cuando hay que tomar una decisión o decantarse por un dispositivo en particular, bien para configurar un modelo educativo que aglutine los nuevos soportes y los principios fundamentales de toda educación, bien para valorar la necesidad o los cambios que puede suponer la introducción de estos medios tecnológicos en nuestro día a día y más concretamente en la vida de los más pequeños.
La aparición del iPad ha abierto la inevitable polémica entre los incondicionales del aparato y los que, sin despreciarlo, advierten de los riesgos de utilizarlo sin el adecuado criterio. Muchas son las opiniones encontradas que surgen cuando hay que tomar una decisión o decantarse por un dispositivo en particular, bien para configurar un modelo educativo que aglutine los nuevos soportes y los principios fundamentales de toda educación, bien para valorar la necesidad o los cambios que puede suponer la introducción de estos medios tecnológicos en nuestro día a día y más concretamente en la vida de los más pequeños.
En relación con este último contexto,
Mike Elgan, columnista afincado en Silicon Valley, publicó recientemente un post en la página web
Cult of Mac en el que, bajo el sugerente título
Why Every Child in America Needs an iPad [¿Por qué en EE. UU. todos los niños necesitan un iPad?] defendía los beneficios de la nueva creación de Apple respecto de la TV.
En el artículo Elgan critica la pobre calidad de la información a la que tienen acceso los niños estadounidenses a través de este medio, con el que consumen diariamente gran cantidad de tiempo, y que por otro lado resulta imposible de controlar para los padres. Según él, a través del iPad, los más pequeños pueden acceder a contenidos acordes a su edad, interactúar, aprender y divertirse; por último, y no menos importante, los padres pueden controlar todos los materiales que están instalados en el dispositivo.
Esta apuesta por la inclusión del iPad en el modelo de vida americano tiene sus detractores. Según estos la calidad y el control de la información o el tiempo que se le dedique a la TV, es algo que compete a los progenitores, y por ello deben asumir la tarea de observar y controlar. No puede recaer toda la culpa sobre el medio o la información que éste ofrece, sino que cada familia ha de ser responsable de lo que considera que es prioritario en la educación de sus hijos.
En la misma posición de rechazo, pero con referencia a los modelos educativos,
Tom Barrett ha publicado en su blog
EDTE.CH el artículo de opinión:
An iPad for Every Child in My Class? No Thanks! [¿Un iPad para cada niño de mi clase? ¡No gracias!]. A raíz del modelo que se pretende instaurar en los EE.UU. de “un dispositivo
-un estudiante” (1:1 School), este profesor e investigador de las nuevas tecnologías y la educación cree innecesario que se realice una inversión de estas dimensiones.
En su opinión, es suficiente contar con un número limitado de soportes en torno a los cuales los pequeños podrán aprender y disfrutar al mismo tiempo con estrategias de aprendizaje colaborativo. Por otro lado, afirma que resultaría más útil invertir ese dinero en otras cuestiones de mayor importancia, como la creación de aplicaciones o la preparación de personal cualificado. Enfatiza el autor en este sentido que la clave de todo sistema educativo está en el potencial humano, y no en tener un mayor o menor número de dispositivos de última generación. En definitiva, considera importante dar tiempo al tiempo y observar los resultados que se vayan produciendo en centros en los que se están introduciendo las nuevas tecnologías, pero siempre de forma pausada.
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