El difícil acoplamiento de las librerías tradicionales y los clientes digitales

Chris Walters, editor experto en nuevas tecnologías relacionadas con la edición, se lamenta de que todavía muchas librerías y libreros sigan siendo tan reacios a la idea de vender libros electrónicos. En su habitual columna de TeleRead, el periódico digital especializado en noticias y puntos de vista sobre libro digital, bibliotecas, edición y temas relacionados, Walters relata una chocante experiencia en una librería de la cadena norteamericana Borders que le demuestra "el escaso entusiasmo con que la compañía ha aceptado la aparición del eBook" tanto como el desencuentro con los clientes que demandan libros digitales.

  

Chris Walters, editor experto en nuevas tecnologías relacionadas con la edición, se lamenta de que todavía muchas librerías y libreros sigan siendo tan reacios a la idea de vender libros electrónicos. En su habitual columna de TeleRead, el periódico digital especializado en noticias y puntos de vista sobre libro digital, bibliotecas, edición y temas relacionados, Walters relata una chocante experiencia en una librería de la cadena norteamericana Borders.
 
Walters entró al café de la librería situada ahora en una gran superficie para sobrevivir a la reciente quiebra de la empresa y el consiguiente sacrificio de bienes raíces y se sorprendió no sólo de ser el primer cliente de la mañana sino de que en la siguiente media hora no entraran clientes, a pesar de los estantes llenos de cientos y cientos de libros, cómics, revistas "y nadie para echarles un vistazo".
 
Lo que a Walters le resulta chocante de Borders, en comparación con sus habituales visitas a la otra gran cadena de librerías, Barnes & Noble que, por el contrario, comercializa eBooks, es el escaso entusiasmo con que la compañía ha aceptado la aparición del eBook tanto como el desencuentro con los clientes que demandan libros digitales. Esta circunstancia lo lleva a preguntarse por qué si los eBooks son una parte válida del negocio apenas cuentan en una librería que vive y muere por ellos.
 

 

Sin embargo, lo que más sorprendió a Walters fue la reacción del empleado al que le preguntó si tenían el lector Kobo Touch. Aquel lo fue a buscar al fondo de la tienda y cuando Walters le comentó que él usaba un Kindle 3, el vendedor le confesó que "por una cuestión de principios" jamás se compraría un eReader" y ni siquiera lo tocaría.
 
"No lo culpo por ver las cosas de otro modo y tomar partido por la parte que directamente más le beneficia, especialmente después de los problemas que su empresa ha tenido que pasar" –dice Walters–. "Pero lo que es una lástima es que tantas librerías y libreros permanezcan reacios a la idea de vender eBooks" –señala el columnista.
 
"Quiero decir –añade– que si al recorrer las estanterías de Borders encontrara un libro que me gustase, lo querría en formato digital, no en papel" porque ya no compra libros impresos. "¿Por qué no hay aquí una forma sencilla de comprar el libro sin que yo tenga que recurrir a la tienda de Amazon a través de mi smartphone? –cuestiona Walters. ¿Por qué no puedo traer el libro a la caja, decirle al empleado que lo que quiero es justamente un eBook, pagarlo y recibir un email con el link para descargarlo? ¿Por qué yo –un cliente potencial– soy tan problemático para que me lo vendan?" –insiste.
 
También se sorprende de que Borders no tenga a la venta ningún accesorio para los lectores electrónicos –ni una simple calcomanía– aunque los fabrique la competencia. Walters arriesga que quizá eso podría atraer a la clientela, que una vez allí hasta podría entusiasmarse y comprar libros impresos.
 
A su juicio, muchos editores y empresarios cortos de vista puedan complicar la cosa con enrevesadas protecciones y plataformas para controlar los derechos de autor pero "eso no significa –asegura– que las librerías no puedan crear kioscos especiales o pantallas expendedoras con títulos libres de DRM, o vender copias digitales directamente a los compradores junto con las ediciones impresas".
 
En su razonamiento sobre las dificultades para que las librerías tradicionales y los nuevos clientes del libro digital acoplen sus intereses, Walters expresa su amor por las librerías y su deseo de que prosperen. Sin embargo, quiere que se adapten a los tiempos. En ese sentido, admite que posiblemente Amazon haya creado el problema del comprador de eBooks pero a su juicio "ahora les toca a las librerías encontrar la manera de recuperarlo como cliente".

 


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