
Que los estudiantes pasan horas y horas delante de un videojuego, es ya una realidad. En lugar de considerar esta práctica una pérdida de tiempo, muchos educadores creen que se trata de una gran oportunidad para enseñar a los alumnos conceptos importantes, ya que hay algo en los juegos que atrapa, y por ello están introduciendo los vídeojuegos en las aulas.
Según un artículo de Andrew K. Miller, un consultor educativo que trabaja con distintas escuelas y con empresas que diseñan vídeojuegos, la respuesta está en un aprendizaje que se base en el juego.
Los vídeojuegos ofrecen un ambiente educativo que a menudo es totalmente diferente al tradicional. Cuando se juega, explica este experto, uno tiene la oportunidad de probar y fallar y de probar otra vez. En cambio, en un planteamiento educativo tradicional, se penaliza a aquel estudiante que falla en la práctica.
También proporcionan un aprendizaje contextualizado. Es decir, en las aulas, la mayoría de las veces el contenido está desconectado de un contexto pertinente. En un juego, explica Andrew K. Miller, se aprende contenido realizando distintas tareas.

Por último, añade este consultor, los juegos se centran en el pensamiento crítico y la resolución de problemas. Un buen juego es aquel que exige que se emplee información objetiva para resolver problemas complejos.
Como muestra de las experiencias en las que se están implementando los juegos en las aulas, Andrew K. Miller presenta dos casos.
Los juegos como lecciones directas:
Los juegos como lecciones secundarias:
Estos son algunos de los ejemplos sobre cómo los profesores pueden favorecer un aprendizaje basado en el juego. En opinión de Andrew K. Miller, se presenta una oportunidad única para implementar un aprendizaje basado en el aspecto lúdico; una forma de alentar a los estudiantes a aprender y jugar.