En un artículo publicado en su página web Joe Wikert cuestiona el mito de que las ventas de los libros electrónicos se hayan estancado. En su opinión este es el discurso que defienden muchos de los grandes grupos editoriales, pero que en absoluto se acerca a la realidad.
Lo que sí es verdad, asegura, es que las tasas de crecimiento han disminuido, por lo menos según los datos a los que se tiene acceso. Pero la inmensa mayoría de estos resultados no son exactos ni recogen dateos de todos los agentes y “bolsillos” que participan en el nuevo escenario digital.
Se dice que los libros impresos se reducen a un sector demográfico que va envejeciendo. Esto no quiere decir –opina Wikert–, que solo la gente mayor es la que compra libros impresos. Para este experto existe una clara diferencia en los hábitos de compra de libros en formato electrónico y en formato en papel si se compara a aquellos compradores que superan los cuarenta años y aquellos que están por debajo de esa edad. Pero eso no quiere decir que la edición en papel vaya a desaparecer y asegura que el paso de lo impreso a lo digital continuará.
Otro de los puntos que señala para defender su teoría está relacionado con el precio de las tabletas. En estos momentos mucha gente no se anima a comprar las grandes marcas por su precio. Y tampoco confían en un dispositivo de una compañía que nadie conoce aunque cueste menos de cien dólares. Pero ¿qué pasará cuando Amazon o Samsung comiencen a ofrecer sus "aparatos" por ese precio? –Se pregunta–. Wikert está convencido de que eso supondrá un nuevo hito.
Uno de los problemas que ve este especialista en las ediciones digitales es que en su mayoría se basan en su versión en papel, algo que en su opinión resulta bastante aburrido. Quizá sea este uno de los motivos por los que se hable de estancamiento –comenta–. Por lo tanto, es necesario que la industria editorial encuentre la forma de crear un contenido específico que sepa sacarle todo el provecho a este nuevo medio. Es decir, pensar en primer lugar en un contenido digital que no se pueda trasladar a su versión en papel.
Por consiguiente, Wikert reconoce que las ventas de libros electrónicos se están desacelerando, pero la conversión digital no ha finalizado y todavía tendrán que verse más cambios en el futuro.