La dificultad de saber por qué un MOOC tiene éxito

Valorar un MOOC a partir del número de matriculas y de la cantidad de alumnos que finalizan los cursos, no es lo más acertado. Por lo menos esa es la conclusión a la que han llegado Justin Reich y Andrew Ho, profesor asociado de Harvard Graduate School of Education. Registrarse en un curso masivo en línea no implica el compromiso por parte del inscrito de completarlo.

Valorar un MOOC a partir del número de matriculas y de la cantidad de alumnos que finalizan los cursos, no es lo más acertado. Por lo menos esa es la conclusión a la que han llegado Justin Reich y Andrew Ho, profesor asociado de Harvard Graduate School of Education.  Registrarse en un curso masivo en línea no implica el compromiso por parte del inscrito de completarlo.

La cuestión que se plantean estos investigadores y profesores es ¿cómo se debe evaluar un MOOC? Y la respuesta –aseguran– no es única ni sencilla, ya que todo dependerá de lo que espera conseguir el interesado. Tanto puede ser ampliar las posibilidades de acceso a contenidos educativos como modificar las rutinas de la educación superior tradicional o detectar talentos ocultos repartidos por todo el mundo hasta introducir nuevos criterios pedagógicos en las clases.

La mayoría de los estudiantes que estudian en la universidad tradicional y que se inscriben en un curso tienen la intención de acabarlo, algo que les diferencia de los que se inscriben en un MOOC.

Otra diferencia es que los alumnos de cursos presenciales casi nunca se matriculan en uno en el que ya dominan la mayor parte de los materiales. Sin embargo, muchas personas inscritas en un MOOC se unen a cursos en los que ya están muy familiarizados con el tema, ya que su intención es certificar sus habilidades, ponerse a prueba o estudiar una parte muy específica del programa. Resulta paradójico –añaden– que algunos de estos estudiantes de cursos masivos en línea volvieron a matricularse en algunos que ya habían finalizado. En la Universidad de Harvard y el MIT es imposible que los alumnos vuelvan a matricularse en materias que ya han superado.

Por lo tanto –concluyen– su investigación ha puesto de manifiesto que existen ecosistemas de aprendizaje emergentes. Uno de ellos es aquel en el que la matrícula es informal y no vinculante, el aprendizaje se realiza de forma asíncrona y los solicitantes pueden ser de distinto países de todo el mundo con patrones de aprendizaje e intenciones bien distintas. Y es ahí donde se encuentra el quid de la cuestión. Las mediciones –finalizan– deben respetar estos nuevos modelos y las verdaderas intenciones del alumnado.
 


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