Precio fijo para el libro electrónico en Francia

A falta de la aprobación por el pleno de las cámaras de senadores y diputados por separado, una comisión mixta del parlamento francés ha elaborado un texto para exigir el precio único para todo tipo de libros electrónicos que se vendan en Francia aunque el distribuidor de los contenidos se encuentre fuera de sus fronteras.

Las reacciones no se han hecho esperar en internet, especialmente en los Estados Unidos, de donde procede el grueso de los contenidos digitales y otras aplicaciones para los lectores, llámese Amazon, Google o Apple.
 
Un ejemplo es el artículo aparecido en el SFGate (del grupo San Francisco Chronicle), firmado por Pascal-Emmanuel Gobry, que sostiene que “el gobierno de Francia considera que la cultura es preciosa, y por tanto debería estar al alcance sólo de los ricos. En Francia –añade–, los pobres no merecen tener acceso a los libros. Probablemente no sería así como el gobierno francés describiría esta política, pero ciertamente es como funciona”.
 
El periodista arremete contra el proyecto diciendo que “el control de precios para los libros electrónicos es aún más ridículo que para los libros impresos”. Lo fundamenta en dos razones, que a su juicio son obvias para cualquiera que viva fuera de la “distorsionada realidad burocrática de los franceses”. Gobry dice que el precio de los libros electrónicos todavía está en proceso de cambio. “El mercado aún no lo ha resuelto, y es aún más tonto interrumpir esa evolución” –afirma,  y pregunta: “¿Quién ganará: los editores, los intermediarios como Amazon, Google y Apple? ¿Los autores? ¿Quién sabe? Este es un mercado nuevo y en completa evolución!”. “Siempre hay preguntas a la hora de regular la industria –subraya–, pero regular una tan joven y todavía en rápida evolución, es increíble”.
 
La propuesta sobre el precio del libro electrónico (que en Francia supone menos del 1 por ciento del mercado) también asegura al autor una “remuneración justa y equitativa”, según el diario El País, y dice que probablemente  autores y editoresno entenderán igual estos conceptos . El periódico también apunta que a partir de 2012 el IVA aplicable al libro electrónico en Francia se reducirá del 19,6 por ciento al 5,5 por ciento, para equipararlo a los productos de primera necesidad. Los editores españoles (véase Lectura Lab), acaban de presentar una petición al Gobierno solicitando IVA cero para los libros.
 
En Francia, la Ley del precio fijo para libros impresos en papel (Ley Lang) fue promulgada el 10 de agosto de 1981. Después de veinte años de existencia, hasta ahora esta norma es considerada una buena ley por los profesionales del sector (autores, editores, libreros, bibliotecarios) .
 
La Ley Lang señala que “el precio fijo del libro es el precio de venta al público establecido para cada libro publicado o importado por los editores o importadores. El precio fijo significa que el mismo libro será vendido por el mismo precio por todos los mayoristas, cualquiera que sea el período del año concerniente a los competidores, considerándose la existencia legal de 5 por ciento, que todos los mayoristas pueden practicar”.
 

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