|
Desde la aparición de los libros electrónicos las predicciones sobre la desaparición de la figura del editor en el proceso de publicación han estado siempre en cartel. Si editar en papel suponía cuarenta pasos y hacerlo digitalmente solo diez, eso supone que la revolución ha comenzado (de nuevo).
Esta es la opinión del bloguero Steveemecz, que en la página de FutureBook publica un post titulado “El editor ha muerto, viva el editor” en el que hace chanzas comparando lo que ocurrió con la autoedición de libros impresos cuando los autores eufóricamente creyeron que ya no necesitaban a los editores y a continuación se dieron de bruces con la cruda realidad.

El autor del artículo cree que la historia se repetirá con el libro electrónico a partir de su propia experiencia. Steveemecz cuenta que el año pasado publicó varios libros muy buenos con los que el autor había intentado primero la autopublicación. “Todo parece tan fácil –señala– y los artículos y comentaristas embriagadores que alimentaban la idea de que el autor obtendría 'el margen de ganancia que se merece' no ayudaron mucho cuando estuvo disponible la autoedición”.
También señala que muchos autores parecen genuinamente sorprendidos cuando comprenden que la publicación de un libro es algo más que crear un archivo en pdf. “El fácil acceso a los medios y la historia del éxito impar por supuesto aviva el fuego” –opina.
A su juicio será necesario que los editores vuelvan a aprender con el libro electrónico “y esto ya ha comenzado” –asegura. Relata el caso de un autor que hizo una autoedición en formato digital y lo ha hecho bien y ahora se plantea si no será una buena idea acudir a un editor. En comparación con los cuarenta pasos que se daban en la industria editorial hasta tener el libro impreso, este autor se ha ahorrado treinta. Por eso, sostiene Steveemecz “la revolución (otra vez) ha comenzado”.
Algunas restricciones que tenían los autores para publicar un libro en papel no las tienen ya los que quieran hacerlo en formato digital. La pregunta que el bloguero deja en el aire es si eso supondrá una inundación de libros buenos, malos o simplemente feos en volúmenes tan colosales que la publicación pierda su mística o sencillamente la credibilidad. También puede pasar –subraya– que los buenos libros brillen y los malos sean solo una distracción menor. Es decir "el editor ha muerto, viva el editor".
|