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Normativa y barreras al libre comercio
Uno de los axiomas de las últimas décadas es el de la desaparición de barreras al libre comercio. Esto no quiere decir que los diversos países hayan renunciado a limitar el acceso a su mercado nacional a productos del exterior que compiten con los que ofrecen sus propios productores. La interdicción del proteccionismo comercial se esquiva utilizando de forma espuria normativas sobre sanidad, protección del medio ambiente o etiquetado.
Hace pocos días una autoridad de Alemania realizó un comunicado oficial en el que se atribuía a productos agrícolas españoles una contaminación de la bacteria E colli. A pesar de que no se disponía de ninguna prueba en tal sentido se prohibió la importación de productos hortofrutícolas españoles en Alemania y, curiosamente, en varios países europeos que también son grandes productores del mismo tipo de frutas y verduras. Finalmente se ha reconocido que la infección no procedía de las huertas del sur de España sino que la cepa está radicada en la propia Alemania.
Si la libre circulación de productos de la huerta se defiende desde la perspectiva del crecimiento económico y de la defensa de los mejores bienes y servicios a los mejores precios, en el caso de la libre circulación de los libros la justificación añadida y dotada de mayor proyección jurídica está referida al derecho al acceso a la cultura. Por ese motivo fue la Unesco la entidad que asumió el liderazgo de la defensa del principio de libre circulación del libro, consagrado en el Acuerdo de Florencia.
Prácticas en el comercio del libro
En ocasiones anteriores se ha hecho mención en Lectura Lab a la posible batalla sobre las actuales restricciones territoriales a los derechos de edición con la llegada del nuevo mercado de libros digitales. ¿Por qué se prevé un impacto de los eBooks sobre este asunto? Es muy frecuente que autores y editores pacten una cesión de los derechos de explotación de la obra de los primeros para un determinado país, pero está por verse si estas prácticas serán de aplicación en el caso del libro digital.
Así, por ejemplo, el editor de Vargas Llosa en España puede ser Alfaguara, en Perú Peisa, Faber and Faber en el Reino Unido o Harper and Row en Estados Unidos. Realmente los editores norteamericanos podrían vender ejemplares de La casa verde en lengua inglesa fuera de su país, por ejemplo en Europa, pero lo cierto es que su presencia sería siempre bastante limitada porque el mercado prima los productos más competitivos y es probable que la edición británica del mismo título sería mucho más competitiva que la norteamericana: los libros británicos en Europa pueden venderse a un precio menor como consecuencia de los menores costes de almacenamiento y transporte. De hecho, el mercado europeo para los libros en inglés está dominado por la edición británica (esto no es desdeñable porque el peso de las ventas del libro editado en lengua inglesa en algunos mercados del centro y norte de Europa supera el 10 por ciento).
Editores más confiados que otros en los debates de la BEA
Es obvio que el asunto de la limitación territorial de derechos de edición es relevante en el caso de países (mercados) que comparten una misma lengua (es el caso de las dos lenguas globales: inglés y español), pero también es obvio que los obstáculos “naturales” que existen para para la libre circulación del libro impreso desaparecen en el caso del libro digital. En este caso la decisión del comprador seguirá siendo fundamentalmente la misma: el precio. Esto quiere decir que si los consumidores (lectores privados o bibliotecas) disponen de la posibilidad de elegir entre diversos catálogos para un título es muy probable que opten por el producto con el precio más bajo.
En este punto son interesantes, como siempre, las opiniones de un editor de larga trayectoria como Mike Shatzkin, quien se ha referido al reciente debate suscitado en la Book Expo America de Nueva York (en un panel titulado “eBooks Go Global”). Shatzkin contrapone la visión favorable a la apertura de los mercados (de Europa) para los eBooks norteamericanos con su experiencia como editor en relación con las consecuencias y dificultades de la ruptura del modelo actual.
El temor de Shatzkin a que la posición confiada respecto de la competencia abierta no tenga en cuenta que el único y definitivo terreno de juego para la competencia sea el precio acaba por impulsarle a defender que los editores deberían preferir el control de un mercado para la mitad de sus catálogos que tener un mercado abierto para la totalidad de sus catálogos.
Para el caso de los eBooks es mejor seguir atentos a la pantalla
No obstante, ante la anterior forma de ver las cosas, debe señalarse que no solo falta la perspectiva de los compradores (lectores) sino también las posibilidades de intervención de varios nuevos agentes: plataformas de venta de contenido vinculadas a dispositivos (iTunes), libreros globales, e-distribuidores o incluso compañías de telecomunicaciones.
Será necesario ver si los agentes tradicionales son capaces de hacer prevalecer sus estrategias como en anteriores ocasiones o los nuevos soportes también implicarán cambios en las reglas del juego.
Una vez más el mercado británico es un buen terreno de ensayo debido a que alguno de los agentes ya está planteado su posición (proteccionista la de los británicos y partidaria de la apertura en el caso de los norteamericanos) en unas condiciones muy especiales: aunque hay un retraso en la implantación de lo digital en el mundo del libro respecto de Estados Unidos, el proceso parece estar produciéndose a una mayor velocidad.
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