|
Un artículo publicado en la revista Nature informaba de que los científicos leían menos artículos especializados por primera vez en treinta y cinco años. Estos datos se basaban en un estudio de Carol Tenopir sobre hábitos de lectura de los académicos en los Estados Unidos. Pero según un artículo de Phil Davis publicado en Scholarly Kitchen, esta afirmación no es del todo real.

Existen muy pocos estudios longitudinales sobre cómo leen e interactúan los científicos con la literatura académica, de ahí la importancia de comprobar cómo han modificado la conducta en la lectura los cambios en la publicación académica –explica Davis.
Los resultados obtenidos por Tenopir y la caída en la lectura por parte de este sector de la población despierta un gran interés periodístico –afirma Davis– ya que si en estos momentos los académicos cuentan con un acceso más sencillo a la literatura científica, es de esperar que se consuma más, no menos.
De acuerdo con el manuscrito final del estudio, a los encuestados se les preguntó por el número de artículos que habían leído el mes pasado. La encuesta recibió más de mil trescientas respuestas en 2005 y unas ochocientas treinta y siete en 2012.
Por lo tanto –continúa Davis– podrían aparecer dudas sobre si el estudio adolece de sesgo de muestreo o de sesgo de respuestas. Además, la variación en las respuestas fue muy alta. Así por ejemplo, en 2005 algunos profesores afirmaron bien que no habían leído ningún artículo o que habían leído un máximo de doscientos cincuenta y cinco.
En opinión de Davis, Tenopir está tratando con una distribución muy sesgada, por lo que lo más adecuado sería calcular la mediana para comprobar en realidad qué es lo que están haciendo los científicos. De la misma manera –aclara Davis– que un economista informa sobre los ingresos de una familia media para evitar sesgar los resultados con los ingresos de las familias más ricas.
Tenopir decidió analizar de nuevo los datos a partir de las medianas y los intervalos de confianza y llegó a la conclusión de que entre los años 2005 al 2012 no había ninguna diferencia estadística. En definitiva, en la universidad se está leyendo la misma cantidad de artículos cada año.
Finalmente se efectuó una corrección en el artículo, que se tituló Los científicos podrían estar llegando a punto máximo en sus hábitos de lectura. Pero aún así, Davis advierte de que esta afirmación no se puede dar como tendencia hasta que pasen otros cinco o siete años más e incluso cree que el título más acertado para este estudio debería ser: Los científicos siguen leyendo más cada año, pero claro –concluye–, esto no tendría demasiado interés periodístico.
|